domingo, 30 de julio de 2023

Apuntes genealógicos XI. Manuel Herrera Salcedo

Como cada verano, millones de personas a lo largo del mundo intentan mitigar el calor asfixiante que envuelve sus cuerpos remojándolos en el elemento que nos da la vida, y que según los casos, también nos la puede quitar. El agua, el bien más preciado que podemos tener, se convierte en estos meses de canícula en un refrescante peligro del que muchas veces no somos conscientes.


Es en estos insufribles meses cuando se alerta que el agua, además de elemento vital, puede llegar a convertirse en el elemento por el que podemos encontrar la muerte antes de tiempo, y de la manera más absurda posible. Cientos de personas en nuestro país mueren cada año ahogadas en playas, pantanos y piscinas. Según están diciendo las noticias estos días, el mes de julio se está llevando la vida de casi 70 personas por ahogamientos en estos lugares acuáticos. Yo mismo en agosto de 2008 en un momento de irresponsabilidad por mi parte sentí que el agua me estaba ganando la batalla en un lugar tan querido por mí como es el de Almuñecar. Por suerte pude salir de aquella corriente, trampa que podría haber dado como resultado el punto final de mi vida.


Son cientos de miles las personas en todo el mundo que han muerto ahogadas en un momento que se supone de disfrute, e incontables serán las que seguirán muriendo de esta forma. Hace años, en mi investigación genealógica a través de la prensa antigua descubrí a un pariente que murió de esta manera en lo que sin duda tuvo que ser de los primeros casos en nuestro país de este tipo de ocio playero estival.


Al final de la tarde del 23 de agosto de 1904 mi pariente Manuel Herrera Salcedo murió en la playa del Zapillo de Almería cuando el bote recreativo en el que viajaba con su familia y amigos volcó en una orilla embravecida, y él que no sabía nadar falleció bajo la mirada de sus seres queridos. El resto de personas fueron rescatadas por unos pescadores que estaban en tierra. Era granadino de la calle Párraga, fue barbero, hijo de Nicolás Herrera Pérez y de Dolores Salcedo Sánchez y por tanto era primo hermano de mi trastatarabuelo Francisco Herrera Cubillas, pues como él, desciendo de sus abuelos Francisco Herrera Sánchez y María Antonia Pérez Moreno, pareja granadina casada en 1803.


Sirva el recordatorio de su triste final para todos aquellos que me puedan leer, estén alerta ante estas situaciones de relax veraniego que pueden terminar de la forma más abrupta e irremediablemente para siempre. Disfruten lo que queda del verano.

Crónica Meridional- 25 de agosto de 1904, pág. 2

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