martes, 19 de abril de 2022

La Tierra desde el cielo (IX): Las cataratas de Iguazú

Si mi destino hubiera sido nacer en el cuerpo de otra especie animal, a la de gato o perezoso, me habría encantado ser ave y así poder volar, para desde lo alto ver el mundo con mi tranquilidad.

Sobrevolando el Parque Nacional do Iguaçu en dirección a las Cataratas.

Cada vez que tengo la oportunidad de que mis ojos se maravillen de las vistas de la tierra a centenares o miles de metros de altitud, mi corazón y mente funcionan a pleno rendimiento, intentando acaparar para sí cada detalle de lo ahí observado y sentido.


Vistas de las cataratas de Iguazú. A la izquierda el lado brasileño, a la derecha el lado argentino.

Vistas del río Iguazú antes del salto del agua. Sobrevolando el lado brasileño del río.

Por ello, el pasado mes de febrero durante un magnífico viaje de vacaciones al "otro lado del charco", pude enamorarme de un fantástico paraje, en el primer vuelo que disfruté en mi vida subido a un helicóptero.

Las cataratas de Iguazú. El río en dirección NO llegará a Foz de Iguazú y al río Paraná.

Vistas de las cataratas de Iguazú y el Hotel Das Cataratas.

Éste nos dio un breve pero intenso paseo sobre las Cataratas del Iguazú. Despegando desde el helipuerto que la empresa Helisul tiene en la entrada al Parque Nacional do Iguaçu (en el lado brasileño del mismo), el aparato sobrevoló toda la verde y bella floresta. Al fondo, en el horizonte más inmediato ya se podía apreciar la magnitud del espectáculo natural que supone la caída cada segundo de miles de hectolitros de agua del río Iguazú. En un gran meandro el río, cual frontera natural, separa los países de Brasil y Argentina.

Bella imagen de las cataratas de Iguazú coronadas por un arcoiris.


Allá arriba, como los pájaros que vuelan sin fronteras posibles, nuestro helicóptero nos mecía en el aire deleitándonos con las mejores vistas posibles de la caída del agua, coronada con bellos arcoiris. Una vez el curso del río se calma, el agua sigue su camino, afluyendo poco después al río Paraná, allí donde a las dos fronteras se les suma una tercera, Paraguay. La grandiosidad del paisaje, inserto en un inmenso continente, me hace sentir diminuto, casi como cualquier pequeño pajarillo que revolotea por el lugar. Si el poeta decía que se "hace camino al andar", es desde las alturas cuando más consciente soy de todo lo que me queda por descubrir.

Sobrevolando el río Iguazú tras la caída del agua.

Asombrado, maravillado por lo allí visto, y con ganas de más, pocos días después me aventuré en otro vuelo en helicóptero, que en breve podré relatar.

Un servidor en el helicóptero sobrevolando el río Iguazú, y al fondo las cataratas.