lunes, 1 de mayo de 2017

La Tierra desde el cielo (V): Arcachón (Francia)

"Si yo pudiera volar....", podría decirse que siempre ha sido uno de los sueños eternos del ser humano. Por eso, cuando tengo la oportunidad de subirme a uno de esos enormes pájaros metálicos alimentados por queroseno, disfruto de la experiencia como si un niño fuera en un columpio nuevo. Hace pocas jornadas experimenté de nuevo el vigor de los motores del avión mientras recorría la pista de despegue con el morro apuntando al cielo. Y también, todo lo que hay más allá de la ventanilla y se va haciendo muy pequeño y distante. ¡Qué placentero y pacífico se ve todo desde las alturas! No me extraña que uno esté deseando 'volar' y sentirse libre. Del viaje último que realicé en avión, entre Madrid y Berlín, el trayecto de ida fue el más impactante de los dos, toda vez que siendo de día, se podía observar con detalle aquello que se mostraba más allá del fuselaje del aparato.

Mar de nubes sobre el Océano Atlántico y la costa de la Aquitania francesa. En la foto, abajo en el centro la Duna de Pilat y el extremo del Cabo Ferret.


El tráfico aéreo se hacía patente. No sólo se observaban de vez en cuando las estelas que la condensación provocada por los motores de otros aviones habían dejado en el cielo a su paso, sino que a veces nuestro propio avión volaba relativamente cerca de otro aparato en vuelo, o incluso por debajo o encima de aquellas estelas que otros aviones habían dejado unos momentos antes en el lugar por donde entonces pasábamos. Es el cruce de caminos de miles de vidas en vuelo, sueños y anhelos personales de un lado para otro del mundo.

Sobrevolando la localidad de Arcachón frente a la Bahía homónima. En la parte de arriba de la foto el Cabo Ferret.


Uno de los momentos más llamativos del trayecto de ida fue al fijarme en un lugar concreto de la geografía que abajo se me desplegaba. Entonces, erróneamente y extrañado pensé que podría tratarse de alguna zona de la costa oeste de Italia, creyéndolo por la ruta imaginaria que tracé en mi mente y que estaría llevando el avión. Pues en primer lugar pensé que el avión no sobrevolaría el mar, porque imaginaba que cruzaría los Pirineos y atravesaría el continente europeo siempre sobre tierra. Pero al ver al poco de despegar que bajo nosotros se encontraba la inmensidad del mar, pensé se trataría del Mediterráneo, pues Berlín está al este de Europa, y que la línea costera que de repente aparecía era de alguna localidad del NO de Italia, dado que el avión volaba rumbo norte y la costa se abría hacia el oeste. Pero en el viaje de regreso, ya de noche, el comandante de vuelo informó que estábamos sobrevolando la zona de Burdeos y Biarritz (Francia) y que pronto sobrevolaríamos los Pirineos, por lo que esa opción que no contemplé en su momento, pensé pudiera ser el lugar que en el primer trayecto pude observar. Por tanto, en la ruta real, el vuelo recorría primero el oeste de Francia para luego adentrarse desde allí al continente.

Detalle de la localidad de Arcachón con su puerto bañado por la bahía.


Así pues y con Google Maps, rastreando la costa atlántica del sur de Francia, rápidamente pude encontrar el paraje que vi con detalle y tremenda curiosidad. Se trataba efectivamente de una zona cercana a Burdeos. Los detalles de las fotos que tomé de la misma me mostraban una línea costera con dunas e irregular, que entonces me pareció pudiera ser la existencia de una isla frente a la costa, así como la existencia junto al mar de una localidad que poseía un puerto perfectamente visible con sus amarres de barcos. Todos esos detalles me han permitido reconocerla fácilmente, se trató de la localidad de Arcachón, situada a pocos kilómetros al SO de Burdeos. Ciertamente, los primeros rasgos que vi de la zona, eran identificables ahora, la Duna de Pilat (término de La-Teste-de-Buch) frente al banco de arena y reserva natural del Banc d'Arguin como entrada a la Bahía de Arcachón. La segunda línea de costa, paralela a la más oriental, resultaba ser el Cabo Ferret, una península que cerraba a la bahía por el occidente, creando una especie de mar interior separado del Atlántico por ese pequeño paso rodeado de bancos de arena. No se trataba por tanto de una isla, sino del extremo de un brazo de tierra que cerraba una bahía.

El Océano Atlántico bajo un mar de nubes. Abajo a la izquierda dejamos atrás la localidad de Arcachón.


En ese momento muchos en el avión dormitaban mientras duraba el viaje, yo en cambio me quedaba embobado junto al cristal de la ventanilla. Quizás es que ellos viajen tanto que un vuelo como el que yo disfrutaba para ellos ya no era una novedad. Y es que en los viajes no sólo se aprende y disfruta una vez llegado al destino, sino que asomado a la ventanilla del avión uno puede aprender mucho de Geografía, de lo inmenso que puede ser nuestro planeta, y casi rozando el cielo, de nuestra ínfima escala humana ante el espectáculo que el Universo nos esconde.

Imagen de Google Maps en la que aparece la localidad de Arcachón. Al oeste, el canal que da entrada a la Bahía de Arcachón. Y más al oeste el Cabo Ferret.

jueves, 30 de marzo de 2017

Orígenes y destinos (Microrrelato)

El otro día participé en un concurso de microrrelatos sobre Almería organizado por Editorial Círculo Rojo y Bella Ciao con motivo de la próxima Feria del Libro, con una sencilla composición literaria sobre la que creo es por ahora mi única relación con Almería, la genealógica, pues una de mis trastatarabuelas era del pueblo almeriense de Tahal.

Vista del pueblo de Tahal (Fuente: http://www.andalucia.org/es/destinos/provincias/almeria/municipios/tahal/historia/)


Orígenes y destinos
Desde el cielo se puede ver una cadena de hermandad, que con su manto blanco y verde une dos tierras sin igual. Por ahí anduvieron mis ancestros a los pies de Sierra Nevá, cuando decidieron salir del bello pueblo de Tahal, … estando yo hoy aquí en mi querida Granada natal.


Vistas de Sierra Nevada desde el espacio tomadas desde la Estación Espacial Internacional en 2005. (Fuente: https://earthobservatory.nasa.gov/IOTD/view.php?id=6237)

lunes, 20 de marzo de 2017

Bájate al mundo (Microrrelato)

Hace unos días participé en la II edición del Premio de Microrrelato IASA Ascensores (http://www.premioiasaascensores.com/#ganador) con un escrito que me gustó mucho escribir, pero que no ha conseguido ser seleccionado. Aquí lo cuelgo para todo aquel que le interese leerlo:


Bájate al mundo
¡Qué a gusto estaba! Aunque era de vieja madera y a simple vista pudiera parecer un lugar incómodo para descansar, había un rincón concreto de mi hogar en el que me encontraba relajado y en paz. Aquel sencillo peldaño de escalera que llevaba a la azotea era el lugar idóneo para reflexionar, y bajo el sol que entraba por la ventana ver la vida pasar, sin participar. Mas un día queriendo subir más me tropecé y me herí. Hacia allí no había más salida que falso confort. Así que bajé y me enfrenté a lo que había más allá de mi hogar. Aquel bendito y maldito escalón me hizo ver que para subir, a veces hay que bajar.

viernes, 10 de febrero de 2017

De cuando el Terror visitó Granada

Como ya hice en este mismo blog hace justo 2 años, hoy vuelvo la mirada a un rincón de mi barrio que tristemente se convirtió en lugar de trabajo de policías y periodistas por la desgracia que acababa de ocurrir en él. Hoy, 20 años después de aquel suceso, hay que homenajear de nuevo a aquel convecino nuestro que perdió la vida injustamente a manos de unos seres despreciables que se hacían llamar “revolucionarios”. Y viendo el mundo que nos rodea y el sufrimiento causado por nuestra propia especie, me pregunto en cambio, si no era ser revolucionario defender la vida, la dignidad humana y la paz frente a esos otros "revolucionarios" del Terror.

Portada periódico Ideal 11-2-1997 dando la noticia del atentado. Fuente: Youtube.

Fotografía de Domingo Puente Marín. Fuente: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1997/02/11/001.html


Cuando los terroristas de ETA atormentaron la mañana de miles de granadinos en el barrio del Zaidín, ese rincón tan perteneciente a mí como lugar de tránsito, casi a las puertas mismas de mi colegio, se convirtió en un lugar de memoria y homenaje al hombre que allí murió, Domingo Puente Marín, y lugar de rechazo a los viles terroristas que allí le quitaron la vida. Un espacio de mi ciudad como otro cualquiera. Allí el mecánico del taller abriría su negocio una mañana más, los niños de la casa colindante pronto despertarían para ir al colegio, un lugar en el que el futuro alcalde de la ciudad José Moratalla se prepararía para ir al trabajo, un lugar de paso de coches del cinturón metropolitano a la ciudad, y de ésta a sus pueblos. Pero no pudo ser así….

Estado en el que quedó el edificio junto al que explotó el coche bomba y la furgoneta militar objeto del atentado. En el recuadro superior, foto del fallecido. Fuente: http://granadaimedia.com/victimas-de-eta-zona-norte-granada/

Edificio de la urbanización Jardín de la Reina de Granada afectado por el atentado de febrero de 1997. Fuente: http://www.ideal.es/granada/20111021/local/granada/granadinos-asesinados-eta-201110211057.html


Pues un furgón militar que hacía el recorrido desde la ciudad a la Base Aérea de Armilla no pudo terminar su recorrido. Los cobardes terroristas hicieron estallar un coche bomba a su paso, en este lugar que siempre fue uno como tantos, y desde entonces no fue tal. El mecánico no pudo abrir su negocio, pues la explosión se lo abrió violentamente. Los niños esa mañana no fueron al colegio, pues las paredes que en teoría les tenían que proteger del exterior, casi les sepultan en la cama. José Moratalla y otros políticos como el alcalde Gabriel Díaz Berbel se lamentaban entre sollozos y miradas de rabia junto al lugar de la explosión. Domingo perdió aquí su vida, y desde aquí siempre se le ha de recordar. Pero no sólo para homenajear a una persona, que como muchos murieron injustamente, sino el recordar que en este país hubo unos cuantos que nos quisieron doblegar, y que no lo han conseguido. Muchos de ellos hoy se han “convertido” a la Democracia. Que sean bienvenidos. Pero nunca ha de olvidarse de dónde provienen ni lo que hicieron.

Imagen de uno de los dormitorios del edificio afectado tras el derrumbe de la fachada debido a la explosión. Fuente: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1997/02/11/004.html

Imagen del entierro de Domingo Puente Marín, en primer término su viuda. Fuente: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1997/02/12/005.html


Hoy, una vez más, en recuerdo de las víctimas de este atentado, el fallecido Domingo Puente Marín, y los heridos Fernando de Orbe Payán, Miguel Ángel Rabadán Castañeda, Juan Pablo Laguna Martínez, Jorge Arias Fernández, José Luis Hidalgo Huertas, Jorge Rodríguez Fernández, José Antonio Galán Vera, María Galán Vera, así como a los otros nueve heridos.


  • Para saber más:









Esquelas de Domingo Puente Marín en diario ABChttp://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1997/02/11/099.html

viernes, 30 de diciembre de 2016

“¿Dónde estará mi estrella de Belén?” (Relato de Navidad)

Hace pocas jornadas participé en el XV Concurso de relatos y cuentos de invierno que convocó el diario Ideal. El relato que envié fue publicado en el suplemento correspondiente del citado diario el pasado sábado 24 de diciembre, en su página 11. Para todos aquellos que quieran leerlo, lo cuelgo íntegro en este mi blog.

Mi relato en el referido suplemento del diario Ideal. Pinchar para ampliar.


“¿Dónde estará mi estrella de Belén?”

Las 8 de la tarde por fin, concluyo mi jornada laboral. Dejo por hoy las tareas finalizando así otro día de este extraño y fugaz año, quedando ya pocas hojas del mermado calendario, incrementando de esa manera la tensión ante la cuenta atrás para Nochevieja, que no es otra tensión sino el paso fulminante e inexorable del tiempo. La hoja que pasaré esta noche es una hoja de calendario que ya ha pasado a la Historia de mi vida como un nuevo insulso y monótono día más.

En esas me vi regresando a casa sorteando el aluvión de gente que, con sus caras rebosantes de algo que yo creía era alegría, iban y venían a través de las abarrotadas calles con sus bellas luces de colores y entrañables villancicos, dando al ambiente un aire de nostálgica masificación. Mientras tanto, la deshumanizada ciudad que me acoge, pero engalanada y esplendorosa brilla más si cabe sobre mi taciturna y grisácea figura, aquella que busca el lúgubre refugio de su pequeño lugar en el mundo, alejado de cualquier mueca de tierna sonrisa, de cualquier atisbo de felicidad. Por fin llego al descanso de mi pequeño y humilde hogar, no habrá nadie para recibirme, no habrá nada que celebrar. Pero antes de entrar me percato de la presencia de un vecino nuevo. En los bajos de un edificio cercano, bajo una techumbre que en realidad era intemperie y tapándose del siberiano frío con cartones y mantas, se encontraba un hombre sin rostro, sin identidad. Junto a él tan sólo la presencia de las pocas posesiones que le acompañaban, dentro de una pequeña bolsa de viaje que le serviría esa noche de almohada. Su imperceptible cara miraba hacia mí. Giré la cara, incómodo.

--------

Amanece otro día de mi vida, un día que siempre estuvo marcado en el calendario de casa como una de las fechas de más importancia del año. Entonces, estábamos todos. Hoy tan sólo quedo yo. Me he levantado molesto, he descansando mal. Y es que la figura de ese hombre sin rostro no dejaba de venírseme a la cabeza. Me asomo al balcón intrigado por su suerte, como preocupado por su integridad, pero ya no estaba.

Pasan las horas de mi día de descanso con una lenta parsimonia. Las manecillas del reloj torturan mis recuerdos, aquellos que fueron vividos con la festividad del tiempo veloz, el que determinaba cuando se había sido feliz. Cuán lejos quedaban ya aquellos días en los que vivía estas jornadas con asombrosa alegría, en reuniones familiares, con ilusión infantil, junto a portales de Belén, y regalos, regalos por todos lados. En cambio, hoy en mi pequeño rincón solitario que alberga mis sueños está todo en silencio, más allá de los villancicos de las calles y las risas en las reuniones que se celebran tras mis paredes. La penumbra de mi alma tan sólo iluminada por las luminarias navideñas del vecino de enfrente a través del cristal del balcón que me protege del frío invernal. A pesar de esa protección del exterior, mi pequeña y confortable casucha, está fría.

De niño me enseñaron la bondad y la solidaridad, algo que en una ciudad como esta en la que las personas no son tales sino números, he creído olvidar. También me enseñaron que este día, sobre todo, era compartir y amar. Ya de noche, cuando todas las familias se encontraban reunidas alrededor de sus mesas dispuestas a pasar una velada maravillosa, paseando por mi casa, pensando y recordando, me asomé al balcón. Junto a mí, balcones y ventanas, con luces de colores anunciando la felicidad que debería haber en el interior, de donde brotaban risas y cánticos. Deparé en el portal aquel, y de nuevo estaba allí mi desconocido nuevo vecino. Sin dudarlo, impulsado por algo en mi interior, bajé rápidamente a su encuentro. Tras presentarme como el vecino de arriba, a aquel hombre sin rostro le invité a pasar a mi casa, y tras la conmoción inicial, aceptó gustoso. Una vez arriba, le invité a que se pusiera cómodo y se aseara, después nos pusimos a comer un plato precocinado, más un poco de embutido que se iba a echar a perder en la nevera, todo regado por un vino de mesa que compré para lo que iba a ser mi solitaria cena. La cena no era muy boyante, no había grandes lujos ni velas ni mantel de colores. Pero en los ojos de los dos había felicidad extrema. Nos contamos nuestras vidas, nuestros devenires y echamos algunas risas. Comprobé que no hacía falta tener hijos para recobrar la magia y felicidad de estas fechas. Tras la cena y un brindis final, le invité a que se quedara a dormir, cosa que aceptó. Mi sueño fue placentero, y en él aparecieron las caras y voces de todos aquellos de los míos que ya no están, velándome en la noche. Por la mañana mi invitado ya no estaba, se había ido sin provocar ningún ruido. Tan sólo dejó una nota en la mesa dándome las gracias. Y en la que además me decía: “no estés perdido, tu propio camino lo has encontrado tú. Sigue tu luz, pues tú eres la estrella”. No lo volví a ver más, dijo que se llamaba Jesús.

Francisco J. Canales-“Azaustre

jueves, 3 de noviembre de 2016

Soñé por un momento que era aire

Asqueado cada vez más de la insoportable situación que vivimos con la contaminación que nos rodea y que se ha podido observar estos últimos días en Madrid, me desahogué con una carta que escribí, y que mandé a los diarios ABC e Ideal de Granada. Aquí cuelgo mi texto íntegro, así como la foto de mi carta, publicada extractada y con el título limitado en el diario granadino el 3 de noviembre de 2016. El título me lo dio el grupo Mecano, mientras su mítica canción revivía en mi mente mientras pensaba sobre este mi escrito.


He vivido durante casi toda mi vida en Granada, una ciudad mediana en la que la naturaleza reina junto a sus maravillosas vistas y bella esencia. A pesar de esa naturaleza sin par, en muchos momentos es una de las ciudades con índices de polución más grandes. Ahora que vivo en una gigantesca urbe como es Madrid, la contaminación discurre sobre nuestras cabezas, expulsada de manera despreocupada por miles de ciudadanos que van a sus quehaceres cotidianos, y otros… no tanto, tan sólo les gusta conducir, como decía el anuncio. Es probable que pronto nos veamos como Michael Jackson o cual asiáticos al tener que llevar mascarillas faciales para poder respirar entre tanta mugre que se infiltra en nuestras pituitarias. Delegamos en los políticos la solución a los problemas, muchos de ellos problemas que provocamos nosotros sin preocupación alguna, en la creencia de que alguien lo arreglará por nosotros. Hasta que esto no tenga arreglo, entonces ya vendrán el arrepentimiento y la lamentación. El transporte público, que debería ser potenciado y convertido en ecológico, en muchas localidades tendría que mejorar el servicio para evitar una gran parte de esta polución sin fin. Pero lo difícil será cambiar las mentalidades. Muchos utilizan coches y motos para trasladarse en viajes justificados, pero otros abusan de su uso para trayectos innecesarios. Son los “no sin mi coche”, los que piensan que les queda más chic el conducir un automóvil, que sea mejor que el de su vecino, pues así resaltan en algo, haciéndose notar ante los demás por la potencia motora que les pasea ante la vista de todos. La sociedad del consumo desenfrenado, la falsa creencia de que poseyendo un coche les hace merecedores de respeto o atracción, su egoísmo ecológico, y su egocentrismo nos están matando a todos. Si queréis mataros hacedlo aspirando por una goma el tubo de escape de vuestros coches si es que tanto os gusta, pero al resto dejadnos vivir. Es obvio que todos necesitamos comer todos los días, y también es verdad que millones de personas lo hacen gracias a unos puestos de trabajo que se basan en matarnos poco a poco (industria del automóvil, tabaco, industria armamentística,…). ¿Cómo se cambia un sistema que nos está liquidando pero que a la vez beneficia momentáneamente a muchas personas en detrimento primero de unos pocos y a la larga de todos? Esos trabajos que dan beneficio a unas personas a corto plazo, nos perjudica a todos en todos los plazos posibles. Imaginad a vuestros nietos recordándoos con desprecio bajo su escafandra respiratoria. Es cuestión de que sopeséis qué os interesa más, qué tipo de vida queréis llevar y la que estáis condicionando a vuestra descendencia. Yo ya lo decidí hace tiempo. ¿A qué esperas tú?


Francisco José Canales-"Azaustre"

Mi carta en el diario Ideal de Granada, jueves 3 noviembre 2016, pág. 29.

martes, 2 de agosto de 2016

El Faro que ilumina Madrid

Una de las zonas de Madrid por las que siempre he sentido cierta atracción urbanístico-paisajística y la querencia nostálgica de un lugar que fue de diario paso en un tiempo pretérito de mi vida, es la zona de Moncloa. Como si de un menhir contemporáneo se tratara, uno de los elementos centrales de la zona y una de las atracciones más impactantes de la ciudad es el llamado Faro de Moncloa. Este Faro “cuasi extraterrestre” como ya lo describí hace hoy 4 años, se asemeja a los “platillos volantes” que existen en el distrito neoyorkino de Queens levantados para la Feria Mundial de 1964 y que pudimos ver en nuestra juventud en la película Men in Black. El Faro, que estuvo muchos años clausurado al visitante, fue reabierto en abril de 2015, y pese al incendio que sufrió el pasado 28 de enero, hoy podemos disfrutar de todo aquello que nos permite ver desde su interior, su verdadero tesoro.


Imagen disponible en la página web del Faro de Moncloa

Aunque de aspecto tosco y hojalatado, no alberga belleza alguna per se, sino que es balcón privilegiado para poder contemplar una de las mejores panorámicas de la ciudad de Madrid. Erigido a principios de los años 90 con motivo de la capitalidad cultural europea de Madrid de 1992 (año mágico por antonomasia para España), se trata de una torre metálica de 110 metros de altura con un gran observatorio situado a 92 metros sobre la carretera de  La Coruña. Desde él se puede pasear visualmente por la totalidad del horizonte madrileño y disfrutar de esas maravillosas vistas protegidos del ruidoso ir y venir de la vida de la gran urbe que hay allá abajo.

Empezando en la parte este del semicírculo que es el observatorio, veremos en todo su esplendor la zona de Cuatro Torres en la Castellana Norte por donde la ciudad va terminando, e ir descendiendo mentalmente hacia el sur, hacia Plaza de Castilla con sus icónicas Torres KIO. Zona financiera de grandes rascacielos, continuaremos con otros grandes edificios de la Zona AZCA, como son la Torre Europa, la Torre Picasso (hermana de las desaparecidas Torres Gemelas de Nueva York), o la Torre Titania, que vino a sustituir a la incendiada Torre Windsor sobre el solar que dejó ésta última en 2005.




Bajando hacia el sur, podremos contemplar el inmenso puzzle de edificios que van saliendo de la almendra madrileña, desde la ordenada disposición urbanística decimonónica del Plan Castro, hasta conocidas siluetas del skyline de Madrid, tales como el Pirulí de RTVE, Torres Blancas o los edificios que se sitúan en el eje de la Gran Vía, desde los rascacielos de Plaza de España, pasando por el edificio de la Telefónica, hasta el actual Ayuntamiento de Madrid situado en la plaza de Cibeles.

Más al sur de este eje destacan por su belleza visual el edificio de la Ópera junto al Palacio Real y la Catedral de la Almudena, así como la cúpula de la Basílica de San Francisco el Grande. Al otro lado del Campo del Moro y junto al río Manzanares, se ubican frente a nosotros el Parque del Oeste y más allá de él la verdísima inmensidad de la Casa de Campo, antiguos terrenos para el esparcimiento real. Subiendo de nuevo al norte al bordear el semicírculo del faro, podemos contemplar con detalle la cercana Ciudad Universitaria, campus que fue ideado en la tercera década del siglo XX por el rey Alfonso XIII a imitación de los campus británicos. Lugar emblemático sin duda para mí en mis tiempos de estudiante, inicio y destino de mis recorridos juveniles de hace años cuando por entonces también fui madrileño y por los que luego continuaba por este camino idealizado en mi ser: Moncloa, calle Princesa, plaza de España, Príncipe Pío.

Al fondo en el horizonte, la Sierra de Guadarrama, que guarda un nexo histórico-político con la zona de Moncloa. Tantos kilómetros de distancia, unidos por uno de los momentos más duros de la Historia reciente de nuestro país, la Guerra Civil y la Dictadura de Franco. En los años 30 nos encontrábamos en los límites de una ciudad en expansión. La Ciudad Universitaria estaba en sus inicios, con algunos edificios en pie, y al inicio de la calle Princesa desde Moncloa, donde hoy podemos ver el edificio del Ejército del Aire (Ministerio del Aire durante el franquismo), antes se levantaba la Cárcel Modelo. Toda la zona fue un enclave de suma importancia en los primeros momentos de la guerra en 1936. Las cárceles tras la sublevación del mes de julio se encontraban hacinadas de militares y gentes “de derechas”, a los que los miembros del Frente Popular acusaban de “quintacolumnistas”, aquellos que desde dentro de la ciudad apoyarían a los rebeldes frente a la República frentepopulista. Debido al avance rebelde hacia Madrid, el Gobierno de la República temió una rápida conquista de la ciudad por parte de los militares sublevados, por lo que decidieron trasladar el Gobierno a Valencia. La zona de Moncloa se convirtió en zona de lucha, los enfrentamientos entre los dos bandos se encarnizaron en Ciudad Universitaria, por donde aún se pueden encontrar vestigios de la pugna, como diversos búnkeres. Mientras los sublevados bombardeaban la zona desde el cercano Cerro Garabitas, el Gobierno de la República vaciaba la cercana Cárcel Modelo de desafectos al régimen republicano con la intención de evacuarlos a Valencia y evitar que se sumaran al enemigo, que nunca mejor dicho, estaba a las puertas. El destino de esos presos es bien conocido, pues las sacas que primero en agosto de 1936 (con víctimas como el político Melquíades Álvarez o el aviador Julio Ruiz de Alda) y posteriormente en el otoño de ese año condujeron a miles de personas a la muerte más atroz, cuyos restos por ejemplo fueron a ocupar fosas comunes en Torrejón de Ardoz y Paracuellos del Jarama, entre los cuales se encontraba el escritor Pedro Muñoz Seca. En este primer momento los sublevados no entraron y la guerra prosiguió durante casi dos años y medio más.




Es pues esta zona un lugar clave en el “martirologio” del franquismo. Junto a la demolida Cárcel Modelo se levantó el Arco de la Victoria, con el que el franquismo conmemoraba la batalla que aquí tuvo lugar para la conquista de Madrid. Frente al arco, se levanta el edificio de la Junta Municipal del Distrito Moncloa-Aravaca, que en sus orígenes se construyó como homenaje a "los Caídos por Dios y por España". Hoy nos dan muestras de ello las cientos de cruces que adornan exteriormente el edificio en recuerdo por los aquí fallecidos. Además, la zona de Moncloa a través del Arco de la Victoria se une ideológicamente a la gran cruz del Valle de los Caídos que en Cuelgamuros en la Sierra de Guadarrama el franquismo levantó para glorificar a los fallecidos en la guerra. Como un arco del triunfo romano que los vencedores colocaron en la puerta de acceso a la ciudad del “No Pasarán”, en tiempos despejados puede contemplarse a través del vano de este arco franquista la cruz del Valle de los Caídos; resultando por tanto ser un verdadero elemento simbólico de exaltación política como si la victoria conseguida en la Guerra y de la cual Moncloa es lugar paradigmático, pasara a la conmemoración de los Caídos en la contienda, "por Dios y por España" que descansan en la Sierra de Guadarrama bajo esa enorme mole de piedra.

Ochenta años después la zona ha cambiado para mejor. Y el Faro así nos lo demuestra, pues si bien es verdad que la función de un faro es la de iluminar o guiar a los barcos a través de la oscuridad, éste que aquí nos ha ocupado, iluminar y guiar al modo tradicional, lo hace poco. Es como si estuviéramos en un faro invertido, pues una vez dentro, esa luminosidad de la ciudad de los "gatos" nos llega muy profundamente. Es un Faro que además ilumina el futuro de Madrid con el recuerdo de aquellos, da igual el bando y más allá de rencores fratricidas, que en estas tierras dejaron su vida. Durante las luchas del otoño de 1936 las tierras de esta zona de Ciudad Universitaria se volvieron rojas de espanto frente a una tierra que era de cultivo de la mente y la sapiencia. Hoy ha vuelto a ser lo que debería de haber sido desde el principio, cuna de saberes y amor por el conocimiento. Es el Faro que sobre las penalidades del pasado se levanta por encima de tristes recuerdos para iluminar el futuro de la ciudad, es el Faro que nos ilumina la mente con la gran urbe que es Madrid.