miércoles, 2 de diciembre de 2020

El Alcázar de Toledo. Paseo por la Historia

Finaliza un año dantesco, pero queda por delante aún mucha lucha para vencer al coronavirus que nos lleva atormentando desde principios de año. Dicen que en tiempo de crisis, ésta favorece la inspiración y su consecuente creación, vinculando la explosión artística ocurrida tras momentos de grandes crisis de la Historia. En mí, y a pesar de que la pandemia no ha causado estragos en mi entorno cercano tanto como ha ocurrido con otras familias, esa creación artística que asumía y pretendía para mí en estos convulsos tiempos, ha quedado en un vacío tan abrumador como decepcionante. Si bien, esta falta de creación literaria venía de finales de 2019, no he encontrado ni momento, ni fuerzas ni inspiración para que este año 2020 produjera algo medianamente interesante que saliera de mi mente y manos.

Para que este año tan despreciable no acabe sin que mi cruelmente abandonado blog vea aunque sea una mínima actualización literaria, inserto aquí un breve escrito ilustrado que tenía en mente hacer desde este verano. Siendo tan sólo una somera descripción de la visita que hice este verano a un Alcázar de Toledo impregnado de la flama de un agosto extremo, espero que a aquellos que os guste el turismo y la Historia, podáis disfrutarlo, y quién sabe, quizás animaros a que lo visitéis si es que no lo habéis hecho ya.


(Arriba. Restos arqueológicos en la entrada del Museo del Alcázar. Y fachada de Covarrubias, parte norte del Alcázar).

En mi viaje a tierras castellano-manchegas el pasado mes de agosto acompañado de mi aventurero e inseparable amigo José Antonio Martín García, pudimos visitar el grandioso Alcázar de Toledo. Situado en la parte alta de la ciudad, y que ya había sido ocupado y fortificado previamente, este palacio engrandecido por los Austrias españoles, albergó posteriormente la Academia de Infantería del Ejército. Fue un emplazamiento clave en el desarrollo de los primeros momentos de nuestra Guerra Civil. Tras el alzamiento de los golpistas en julio de 1936, el Alcázar sirvió como refugio de los militares alzados y de sus familias, siendo el enclave hostigado ferozmente por los republicanos durante varias semanas, causando víctimas entre sus defensores y atacantes, y quedando el edificio casi derruido por completo a causa de los cañonazos y bombardeos que sufrió desde aviones, los edificios cercanos, así como por el subsuelo. Tras el final de la contienda, el Alcázar fue reconstruido a imagen de lo que anteriormente había sido.


(Arriba. Maqueta de barco en una de las salas del Museo. Una de las salas del Alcázar)

Recorriendo las instalaciones podemos observar el despacho del Coronel José Moscardó Ituarte, tal como se encontraba en los días del asedio de 1936. Decora la sala un cuadro de su hijo Luis, fusilado por los frentepopulistas al no conseguir de su padre la rendición del Alcázar, y cuya conversación telefónica de chantaje y despedida tuvo lugar en esa sala.


(Arriba. Imagen del despacho del coronel Moscardó. Y maqueta que muestra el estado en el que quedó el Alcázar tras el asedio de 1936)

Nada más entrar en el Alcázar a través del nuevo edificio, podremos ver los restos arqueológicos de las primeras etapas constructivas del Alcázar y los edificios que le precedieron, con murallas de época musulmana, y que más tarde sirvieron como vivienda a los lugareños. Además de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en el interior de la fortaleza se encuentra el Museo del Ejército y en sus interminables pasillos podemos ver infinidad de cuadros, esculturas y bustos de personajes históricos como el Gran Capitán y otros militares afamados, uniformes, armaduras, mapas, banderas, maquetas de hechos históricos y de navíos, armas y demás elementos del mundo castrense y de la Historia militar de España; una historia de varios siglos que llega hasta los momentos más recientes. Entre los cuadros pude contemplar algunos del afamado pintor Mariano Bertuchi, con el cual emparento por tener antepasados comunes. Entre ellos se encuentran "La carga", "El Interventor" o "1936. Embarque de las primeras tropas en el aeródromo de Tetuán". Otros cuadros presentes en sus salas e igualmente relevantes y que podemos contemplar son la "Muerte de Francisco Pizarro" de Manuel Ramírez Ibáñez, "La conquista de Almería" de Juan de Mata Prats, "Juramento a las banderas de las tropas españolas" de Manuel Castellano, o retratos de reyes, militares y políticos, así como escenas de batallas pintadas por el aclamado artista Augusto Ferrer-Dalmau.



(Arriba. Diversas banderas expuestas en el Museo del Alcázar y moldes de las manos y cara del cadáver del dictador Francisco Franco. Cuadros sobre Francisco Pizarro y Carlos V ecuestre y estatua del Comandante Villamartín en el patio norte del Alcázar. Y ropaje que llevaba el presidente del gobierno José Canalejas cuando fue asesinado en Madrid en 1912.

En el centro del patio del Alcázar podemos admirar la copia de la famosa estatua de Carlos V dominando el Furor, del escultor Leone Leoni. Durante el asedio, la escultura resultó dañada.

(Arriba. Patio del Alcázar de Toledo con la escultura de Carlos V)

Entre los objetos que podemos ver están los vehículos en los que fueron asesinados dos presidentes del gobierno. Por un lado la berlina en la que en 1870 resultó herido de muerte el presidente Juan Prim (cuyos ropajes en aquel momento también se pueden contemplar), y el Limousine donde en 1921 fue asesinado el presidente Eduardo Dato. Ambos magnicidios ocurridos en Madrid, fueron cometidos con armas de fuego y en dichos vehículos se pueden ver aún los agujeros causados por los disparos.

(Arriba. Vehículo en el que el presidente Juan Prim y Prats sufrió el atentado mortal. Se pueden ver los impactos de bala)

(Arriba. Vehículo en el que el presidente Eduardo Dato Iradier fue asesinado en 1921. Se aprecian los impactos de bala)

Tras este breve paseo, insto a cualquiera que le interese lo aquí narrado y visto a que lo visite. Eso sí, que busque un mes más acorde para la comodidad propia o que ingenie un sistema de refrigerado portátil si es que no tiene más remedio que adentrarse por las calles de Toledo en un infernal mes de agosto.