jueves, 31 de diciembre de 2015

Ruta del Gollizno por el río Velillos (Granada)

En nuestra extensa provincia tenemos no sólo un ingente patrimonio histórico-cultural, sino que también poseemos una riqueza natural que muchos a priori no podríamos imaginar. Tan sólo hay que salir y descubrir estos nuevos rincones, maravillosos parajes y placenteras sensaciones que podremos disfrutar a tan sólo “la vuelta de la esquina”. Fuera de la apabullante vida en la ciudad en la que contaminación y estrés nos minan por dentro, tenemos un mundo por descubrir y en el que conectar con nuestro lado más primigenio y natural.

De esta manera, a pocos kilómetros de nuestra capital nazarí y con un espíritu aventurero  que nos impulsa por dentro, nos emprendemos a conocer uno de los rincones naturales más bonitos de la provincia. Se trata de la Ruta del Gollizno, una sencilla ruta senderista situada al noroeste de Granada, concretamente en el término municipal de Moclín. Resulta un enclave vital en las relaciones entre territorios, pues si bien el término en la actualidad es frontera entre las provincias de Granada y Jaén, siglos atrás suponía la frontera entre el reino cristiano de Castilla y el reino nazarí de Granada. Tierra de frontera, concepto teórico y metafísico que me apasiona, el tener que delimitar políticamente un territorio que por ejemplo hoy forma un conjunto,  un todo, una extensión de campos y peñas que han sido divididos histórica y convencionalmente para nuestra mejor administración. División que obviamente no se muestra, pues a nivel natural, todo es más libre. Pero a nivel histórico, esa división de frontera queda patente hoy en la proliferación de atalayas musulmanas o torres vigía del reino nazarí, salpicadas estratégicamente en promontorios naturales para la mejor vigilancia y defensa del territorio frente a las tropas cristianas del norte en su imparable avance hacia el sur durante la Reconquista. Alcalá la Real a pocos kilómetros al norte de Moclín puede divisarse desde las mejores posiciones del término, es la entrada natural que desde Castilla penetrará en la Vega de Granada.



Moclín, con su castillo musulmán coronando la cima del cerro que domina el pueblo, en el que se sitúa también la Iglesia del afamado Cristo del Paño, está además rodeado de un entorno natural extraordinario. Su contorno pétreo está horadado por el río Velillos (o Frailes), que naciente en la “transfronteriza” Frailes atraviesa esta zona del Poniente granadino para más tarde unirse a las aguas del río Cubillas en Casanueva y luego, ya unidos ir a parar al Genil.



La sencillez del trayecto hace que podamos disfrutar de un apacible paseo contemplando en toda su extensión un conjunto de monumentos naturales que nos deleitarán los sentimientos. Bajando a través de Moclín se puede iniciar la ruta dirección sur, y poder hacer una serie de altos en el camino para observar las maravillosas panorámicas de la Vega de Granada y Sierra Nevada al fondo. Descendiendo, dejaremos atrás la Ermita de la Virgen de la Cabeza, y concluiremos el descenso llegando a los límites de la cercana localidad de Olivares, que ya  habremos podido visualizar en su plenitud junto a un extenso mar de olivos desde los miradores situados recorrido arriba. Girando a la izquierda antes de entrar en el pueblo iniciaremos la ruta a través de los tajos del Gollizno, camino siempre acompasado por el discurrir del río Velillos. Contemplaremos grandiosas vistas de los tajos desde el fondo de la hondonada o grieta natural que el río ha ido laminando a lo largo de los siglos, mientras vamos dejando atrás instalaciones hidroeléctricas, saltos de agua, fuentes como la de la Buena Ventura, presas y puentes que nos permiten cruzar el río. Uno de ellos, colgante, bajo el imponente macizo de rocas, nos permite cruzar de nuevo al otro lado del río, en el que comprobaremos la pequeñez de nuestro ser ante tal espectáculo agreste. La naturaleza, en toda su solemnidad, puede que nos dé algún espectáculo visual, como contemplar en lo alto de los riscos familias de caprinos, no sé si muflones o algún bóvido similar, como si lo escarpado del lugar no les importara en absoluto.



El recorrido va circunvalando de vuelta a Moclín por su parte norte. Desde allí observaremos los últimos enclaves granadinos como Tózar y las atalayas dependientes de la fortaleza de Moclín como la Torre La Solana asomada en un promontorio, Mingoandrés, o la de la Porqueriza, cercana a Tózar; y a continuación ya los territorios jiennenses, en donde se perderá nuestra vista e imaginación. Tras pasar el área recreativa de la hipnótica Fuente de la Corcuela,  habrá que desviarse del camino para acercarse a los cercanos abrigos montañosos en los que hace milenios, nuestros antepasados neolíticos plasmaron en sus rocosas paredes pigmentaciones que han perdurado hasta hoy como pinturas rupestres, y que podemos contemplar asombrados cómo han perdurado a lo largo del tiempo a pesar de vándalos e inclemencias meteorológicas. El legado de nuestros ancestros como un regalo que conservar para nuestros descendientes. Tras este detalle visual, emprendemos de nuevo la marcha, esta vez cuesta arriba para terminar el trayecto culminándolo de nuevo en Moclín, cuyo castillo iremos descubriendo conforme vamos avanzando. Llegados a la meta, no hay mejor premio que pasear por la zona de la fortaleza nazarí e Iglesia del Cristo del Paño para después despedirse del pueblo con un bello atardecer sobre las bellas callejuelas del pueblo bajo nuestros pies. Volvemos a casa.

Francisco José Canales-“Azaustre



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