miércoles, 7 de diciembre de 2022

La Tierra desde el cielo (X): de Iguazú a São Paulo

Si espectacular resulta ver de cerca y casi poder palpar un paraje tan bello como el Parque Nacional de Iguazú, la partida desde su aeropuerto no debe apesadumbrar en demasía, pues el espectáculo puede continuar si uno tiene la suerte de ir sentado junto a la ventanilla del avión, como por fin me ocurrió el pasado mes de febrero en mi viaje americano.

Imagen del río Iguazú tras haber despegado desde su Aeropuerto

La lotería de los asientos me regaló tan bello panorama, pero como contrapartida éste se vio eclipsado por los berridos en portugués de un crío muy llorón en la fila delantera. (Nota mental: No olvidar para esos casos unos buenos auriculares con música ambiental, jazz o chill out.)

Imágenes del río Iguazú y vistas desde el avión rumbo a São Paulo

Paisajes tan verdes y exuberantes que desde las alturas te dan la sensación que aún aquello es virgen y la mano europea no ha puesto pie allí. La envergadura del río Iguazú, con sus múltiples meandros, me acompaña absorto durante un buen rato. Pero allá a lo lejos se vislumbran inmensas y amenazadoras nubes negras. Con la lógica preocupación que en nuestro rumbo a São Paulo tengamos que atravesarlas, ésta se me acelera al percatarme que las destellantes luces que allá a lo lejos entre las nubes resplandecen no son cohetes que celebren alguna hipotética fiesta de las localidades de más abajo. Cuando veo que dichos fulgores se extienden acompasadamente en ese gran cuerpo nuboso, me acuerdo del dios Zeus y su potente brazo ejecutor.

Llegando a São Paulo

Tras la primera alarma, ésta se transforma en tranquilidad, pues las nubes permanecen lejanas y no perturban nuestro vuelo. Una tranquilidad que intuyo puedan disfrutar los habitantes que más abajo de ellas tengan al poder cobijarse en sus casas. El sol, al fin, se pone en su cíclico discurrir, y la oscuridad reinante en el exterior me adormece mientras de vez en cuando los mudos relámpagos de la lejanía son como pacíficas e hipnóticas lucecitas que coadyuvan a tan placentero propósito.

Por fin, tras un vuelo no muy largo, y tranquilo, a pesar de las cuerdas vocales del delantero infante; las nubes, verdes bosques y aisladas luces de pequeñas localidades, dan paso a masivas aglomeraciones lumínicas. Es lo que me indica que estamos llegado a São Paulo y su área metropolitana. Y con la luna velando sobre nosotros, por fin llegamos a Guarulhos, hogar dulce hogar. Aunque no por mucho tiempo, pues horas después sigue mi aventura americana. De nuevo en un avión iré rumbo norte a descubrir nuevas y bellas cosas.

Imagen aérea después de haber despegado del Aeropuerto de Congonhas


martes, 19 de abril de 2022

La Tierra desde el cielo (IX): Las cataratas de Iguazú

Si mi destino hubiera sido nacer en el cuerpo de otra especie animal, a la de gato o perezoso, me habría encantado ser ave y así poder volar, para desde lo alto ver el mundo con mi tranquilidad.

Sobrevolando el Parque Nacional do Iguaçu en dirección a las Cataratas.

Cada vez que tengo la oportunidad de que mis ojos se maravillen de las vistas de la tierra a centenares o miles de metros de altitud, mi corazón y mente funcionan a pleno rendimiento, intentando acaparar para sí cada detalle de lo ahí observado y sentido.


Vistas de las cataratas de Iguazú. A la izquierda el lado brasileño, a la derecha el lado argentino.

Vistas del río Iguazú antes del salto del agua. Sobrevolando el lado brasileño del río.

Por ello, el pasado mes de febrero durante un magnífico viaje de vacaciones al "otro lado del charco", pude enamorarme de un fantástico paraje, en el primer vuelo que disfruté en mi vida subido a un helicóptero.

Las cataratas de Iguazú. El río en dirección NO llegará a Foz de Iguazú y al río Paraná.

Vistas de las cataratas de Iguazú y el Hotel Das Cataratas.

Éste nos dio un breve pero intenso paseo sobre las Cataratas del Iguazú. Despegando desde el helipuerto que la empresa Helisul tiene en la entrada al Parque Nacional do Iguaçu (en el lado brasileño del mismo), el aparato sobrevoló toda la verde y bella floresta. Al fondo, en el horizonte más inmediato ya se podía apreciar la magnitud del espectáculo natural que supone la caída cada segundo de miles de hectolitros de agua del río Iguazú. En un gran meandro el río, cual frontera natural, separa los países de Brasil y Argentina.

Bella imagen de las cataratas de Iguazú coronadas por un arcoiris.


Allá arriba, como los pájaros que vuelan sin fronteras posibles, nuestro helicóptero nos mecía en el aire deleitándonos con las mejores vistas posibles de la caída del agua, coronada con bellos arcoiris. Una vez el curso del río se calma, el agua sigue su camino, afluyendo poco después al río Paraná, allí donde a las dos fronteras se les suma una tercera, Paraguay. La grandiosidad del paisaje, inserto en un inmenso continente, me hace sentir diminuto, casi como cualquier pequeño pajarillo que revolotea por el lugar. Si el poeta decía que se "hace camino al andar", es desde las alturas cuando más consciente soy de todo lo que me queda por descubrir.

Sobrevolando el río Iguazú tras la caída del agua.

Asombrado, maravillado por lo allí visto, y con ganas de más, pocos días después me aventuré en otro vuelo en helicóptero, que en breve podré relatar.

Un servidor en el helicóptero sobrevolando el río Iguazú, y al fondo las cataratas.


viernes, 31 de diciembre de 2021

La Tierra desde el cielo (VIII): la peña de los Enamorados

No quería dejar que 2021 terminara sin unas últimas palabras desde mi blog, y sí compartir con mis lectores unas bonitas vistas sobre la Peña de los Enamorados, también conocida como el Indio. Estas fotografías las realicé el pasado mes de junio desde el paraje natural de El Torcal de Antequera (Málaga), magnífica ruta senderista en la que poder disfrutar de flora y fauna en un marco natural incomparable.


Aunque la Peña de los Enamorados y Antequera ya fueron retratadas por mí desde un vuelo comercial y aparecen en el anterior episodio de esta sección, colgada en marzo de 2018 con unas imágenes impresionantes, estas nuevas más a ras de suelo y a priori menos impactantes, no dejan de tener su encanto. Porque si ver la Tierra desde el Cielo es recomendable, en la Tierra nunca hay que dejar los pies quietos, y descubrir por tus propios medios la belleza que nos rodea tan cerca nuestra. ¡Hay tantos caminos que andar!

La peña de los Enamorados aparece a la derecha de la imagen, imagen tomada desde el Torcal de Antequera.


viernes, 24 de diciembre de 2021

Relato La visita de mi abuelo

Hace pocos días participé en el XX Concurso de Relatos y Cuentos de Invierno que cada año organiza el periódico Ideal. Los relatos seleccionados se han publicado en el día de hoy, pero lamentablemente el mío no ha sido elegido. Debido al gran entusiasmo que puse en su redacción, resultado del gran cariño a dos personas que me inspiraron para el tema, cuelgo en mi blog el citado relato para todos aquellos que gusten de su lectura.



La visita de mi abuelo

Por fin cerré los ojos después de un día estresante de esta Navidad interminable, y no sé el tiempo que pasó. Me vi acostado en mi confortable cama, pero a pesar de reconocer mi habitación, la notaba con un aire tan onírico que no me extrañó cuando de la nada apareció la figura de mi querido y añorado abuelo, fallecido hacía ya mucho tiempo, sentado junto a mi cama fumando en su inseparable pipa un tabaco que no dejaba olor. Sin sentir impresión ni temor por su presencia empezamos una charla abuelo-nieto tantos años después, una charla que en ese limbo de Morfeo habría durado infinitamente, por todas las cosas que me quedaron por preguntarle, por todas las novedades que de mi vida se perdió, y todos los consejos que necesité de él.

-Abuelo, ¿qué es la vida?-le pregunté.

Con la mirada perdida en la inmensidad de la eternidad que le da la muerte me contestó:

-Cuando uno deja la niñez y los años avanzan inexorablemente, a menudo surge esa pregunta, la cual tiene dispar respuesta. Para unos tiene un significado, un sentido que para otros es bien distinto. Tú mismo has de encontrar el significado de tu propia vida, que será diferente al que yo tuve. Lo que es cierto es que en estas fechas tan señaladas la vida deviene en el continuo recuerdo de quien antaño fuimos y la pesada nostalgia de echar de menos a quien un día amamos.

-Así me siento abuelo, rememorándoos a todos vosotros que nos dejasteis hace bastantes años. Mi frágil memoria te recuerda en este mes en que te marchaste, las añejas fotografías en las que salís las guardo como si un tesoro fueran, y los objetos que un día te pertenecieron los conservo como las preciadas antigüedades sobreviven en los museos. Aún custodio tu bastón, aquel que te ayudó a andar en los últimos años de tu vida, y también el característico sombrero que cubría tu anciana  y caballerosa efigie.

-Ya no me gusta la Navidad, abuelo. - Continué-. Antes cuando estábamos todos juntos era maravillosa. Ahora en cambio no hago sino suspirar de añoranza cada vez que veo un árbol de Navidad en la engalanada ciudad u oigo los villancicos que se escuchan por doquier. En casa ya no pongo ningún árbol, pues aunque sus luces embellecen la estancia, poco hay ya que celebrar.

-¿Poco? – preguntó-. ¿Te parece poco estar vivo y disfrutar de la vida con tu gente? Aquí te traigo tu propio árbol de Navidad. –En la esquina de la habitación apareció un frondoso árbol lleno de luces,  unas más grandes, otras más pequeñas, con colores y luminosidades diferentes-. Este árbol representa tu vida, desde el tronco hasta la copa, en él brillamos todos nosotros, tus seres queridos que un día tuvimos que marchar. Nuestro recuerdo iluminará el resto de tu vida.

-¿Abuelo, pero cuál es esa luz con forma de estrella tan luminosa en la copa que no sólo maravilla mis ojos sino que acalora mi corazón?

-Pues debes saber hijo mío que no sólo el recuerdo de tus seres queridos fallecidos pervive con fuerza en el árbol de tu vida –respondió mi abuelo-. Aquellas otras personas que amaste con tal calidez, pero que por diversas circunstancias se encuentran lejos, brillan con tanto ardor que a veces hasta quema. Ahí se encuentran tus hermanos, tus padres, tías, primas, amigos. Todos forman parte de tu vida, de tu Navidad, disfrútalos. Esa otra luz tan brillante que corona tu árbol se encuentra muy lejos de ti físicamente, pero es tan fuerte la luz que irradia, que su brillo llega a lo más profundo de tu ser.

-Así es abuelo –asentí-. Es la luz que me calma e ilumina en las noches más oscuras, mi guía para seguir adelante. –Con una mirada agradecida nos despedimos para siempre-. Feliz Navidad abuelo, te echo de menos.

Y mientras su añorada figura se iba alejando caminando al vacío más absoluto ayudado de su bastón y cubriéndose con su inconfundible sombrero, yo fui abriendo los ojos a un amanecer nuevo, una nueva Navidad, un nuevo tiempo para ser feliz. 

Por Francisco J. Canales-“Azaustre”



miércoles, 30 de junio de 2021

Mi tercera colaboración con revista Alhóndiga

Con inmenso orgullo informo a mis lectores que se acaba de publicar el número 27 de la revista Alhóndiga, perteneciente a los meses de julio y agosto de este año 2021. Y les animo a que la adquieran, pues además de aparecer en ella artículos tan interesantes como los escritos por mis conocidos Carlos Pascual, Jesús Lens, y mi primo José Luis Delgado, aparecen otros igualmente curiosos como el escrito por José María Hernández sobre mi pariente lejano el pintor Mariano Bertuchi o el que habla sobre mi también posible pariente lejano Federico Olóriz, escrito por Miguel Guirao y Fernando Girón.

Vista aérea de Granada. Detalle del Paseo del Salón, el garaje Alhambra y a la derecha la piscina de Don Simeón y a su derecha la nave de la fábrica de tejidos Garrido. 1957-1958. Fuente: Archivo Histórico Municipal de Granada.


En este número aparece además publicado un artículo mío hecho con mucho cariño y dedicación en el que narro la biografía de mi tatarabuelo albayzinero Francisco Garrido Jiménez, que de orígenes humildes como tejedor, creó una industria textil que dio trabajo en Granada a muchas personas. Ya como industrial, y como dueño de los Baños de Don Simeón, la primera piscina de Granada, fue uno de los granadinos más pudientes de su época, gracias a lo cual y por carambolas del destino llegó a ser alcalde de nuestra ciudad durante un breve período de tiempo, en unos momentos convulsos a caballo entre la Dictadura de Primo de Rivera y la II República. Toda la información, curiosísima e ilustrada por bellas fotografías familiares la podrán disfrutar en la revista.


Anuncios de la fábrica de tejidos de Francisco Garrido (periódico La Correspondencia de España, 23-3-1919) y de los Baños de Don Simeón (periódico La Publicidad, 22-6-1933).

Para la realización del artículo investigué en archivos y hemerotecas, consultando las páginas de periódicos como el Ideal, El Defensor de Granada o La Publicidad entre otros, y que digitalizados están disponibles a través de la Biblioteca Virtual de Andalucía o de la Hemeroteca del Ideal. Igualmente he entresacado información de los Archivos Municipal, Provincial y de la Diputación de Granada. Y por último he contado con testimonios importantísimos, que han dado una vertiente humana y familiar a mi artículo. Los recuerdos de mi madre Aurelia y mi tía Paqui, nacidas las dos en Don Simeón, así como los testimonios familiares de los primos Ramiro Garrido y Adela Alcaraz han sido de muchísima importancia, porque me dieron información histórica y biográfica que de otro modo no hubiera podido conseguir, pues los protagonistas de todo ello hace mucho que fallecieron. Agradezco al primo Francisco Garrido Quero y su cuñado Miguel Burgos la amable disposición de material gráfico que me servirá para mi futura publicación sobre los Garrido. También he de mencionar a don Miguel Giménez Yanguas, nieto de Francisco Giménez Arévalo, vecinos de la zona, que amablemente me explicó in situ los avatares urbanísticos del lugar.

Vista aérea de Granada. Detalle del Paseo del Salón, y a la izquierda garaje Alhambra y tras él las viviendas de mi familia en Don Simeón, tras las cuales está la nave de la fábrica de tejidos Garrido. Entre ambas se ubicaba la piscina Don Simeón. Hacia 1957. Fuente: Archivo Histórico Municipal de Granada.


Y me siento feliz porque artículo tan emotivo e interesante se haya publicado en una revista de tanta calidad y renombre como Alhóndiga. Con este artículo, del que llevaba tiempo queriendo redactar y que he hecho con muchísima ilusión, cierro la tríada de artículos en Alhóndiga sobre biografías de mis familiares cercanos más relevantes a nivel histórico o social. En el número 9 apareció mi artículo sobre mi tío abuelo José María Garrido Lopera y en el número 13 lo hizo mi artículo sobre mi otro tío abuelo Aurelio López Azaustre. Espero poder seguir colaborando con la revista Alhóndiga en más ocasiones, pues eso significará que revista tan señera seguirá editándose, repercutiendo positivamente en el ámbito cultural de nuestra ciudad.


Así que gracias revista Alhóndiga, enhorabuena por tu buena salud, y a cumplir muchos números más.

martes, 15 de junio de 2021

Apuntes genealógicos VI. Antonio Garrido del Castillo

Investigar la propia genealogía depara muchas sorpresas, no sólo por descubrir curiosidades biográficas sobre tus propios antepasados, aquellos gracias a los cuales uno puede existir, sino que es posible hallar parentescos con personajes relevantes o incluso cerciorarte del parentesco de sangre que te une a ciertas personas con las que previamente mantenías una amistad o una relación social. La entrega que hoy hago en mi blog es un buen ejemplo de ello.

Retrato de Antonio Garrido del Castillo. Fuente: Andalucía. Revista Ilustrada. Agosto de 1927.


Cuando en 2013 investigaba para la realización de mi Trabajo Fin de Máster descubrí en la prensa antigua de Granada la existencia de un notable artista muy celebrado en la década de 1920 en nuestra ciudad. Antonio Garrido del Castillo era ilustrador, un magnífico dibujante que plasmaba con maestría las calles y los monumentos más bellos de Granada, dibujos que eran publicados en diferentes medios escritos, tanto en España como en Sudamérica. Cuando supe de él, inmediatamente se me activó el radar genealógico en mi mente, pues su apellido Garrido como el de mi madre, y sus dibujos sobre el Albayzín, barrio cuna de mis Garrido, hicieron que le siguiera la pista, pues tenía la hipótesis de que se tratara de un pariente lejano, cosa que pude confirmar un lustro después.

Bautizo en el Albayzín de Francisca Trinidad Pardo Ogabán, donde Antonio Garrido del Castillo actuó como testigo. Fuente: Granada Gráfica. Marzo de 1926.

Eloísa Cabrera Gutiérrez y su suegro Antonio Garrido del Castillo en la boda de la primera en la Iglesia de San José de Granada. Fuente: Ideal. 3 de Febrero de 1951.


Y efectivamente, Antonio Garrido del Castillo era primo 3º de mi bisabuelo José María Garrido Hernández pues ambos compartían tatarabuelos (Joaquín Garrido López y María del Carmen López). Los padres de Antonio fueron Antonio Garrido Moreno y María Encarnación del Castillo Ferrer (apellido Ferrer también presente entre mis antepasados granadinos, por lo que bien podría ser además pariente a través de otra rama). Antonio nació hacia 1893 y en la primera mitad del siglo XX escribía artículos y publicaba sus dibujos en diarios como Ideal, El Defensor de Granada, La Verdad, El Faro de Motril o revistas como Granada Gráfica de la que fue redactor o Andalucía, llegando a exponer sus dibujos a pluma o acuarelas en exposiciones como en el Centro Artístico y la Unión Mercantil o a recibir premios, como el Amalia Camacho en 1934. Se casó con Antonia Puertas Oliveros, con la que tuvo al menos 2 hijos, uno de ellos Antonio Garrido Puertas, que también se dedicó al dibujo, llegando a publicar en medios gráficos de Brasil. Igualmente su sobrino Miguel Iáñez Garrido también fue dibujante, una familia de artistas sin duda. Antonio Garrido del Castillo fue propuesto en 1936 como cronista de la ciudad de Granada, pues junto a sus dibujos, escribía historias de la ciudad. Una de sus crónicas en la revista Granada Gráfica fue sobre el Monasterio de San Jerónimo, escrita cuatro días antes del pavoroso incendio que sufrió el edificio en febrero de 1927.

Obra "Torre de la Vela", de Antonio Garrido del Castillo. Fuente: Andalucía. Revista Ilustrada. Enero de 1927.

Obra "La casa del Horno del Oro" de Antonio Garrido del Castillo. Fuente: Granada Gráfica. Agosto de 1926.

Obra "Monasterio de San Jerónimo" de Antonio Garrido del Castillo. Fuente: Granada Gráfica. Febrero de 1927.

Lo que yo no podía imaginar es que de este conocido artista granadino descendieran como bisnietos dos hermanos, compañeros de instituto míos en el Zaidín, ahora además mis primos 6º. También otro amigo mío es descendiente de otro miembro de la familia Garrido del Castillo, en concreto de un medio hermano de Antonio. Y es que todos de una manera u otra estamos estrechamente relacionados en una infinita tela de araña genealógica, así que si hoy me lees es muy seguro que seamos "primos". Será todo un placer conocerte.

domingo, 6 de junio de 2021

Apuntes genealógicos V. Nicolás Ramírez Mora

En una sociedad tan numerosa en movimiento, es muy habitual ver o leer en nuestras noticias del día a día cómo diferentes accidentes o catástrofes causan decenas de muertos en muchos puntos del planeta. Antaño, esos sucesos llenaban igualmente las páginas de nuestros periódicos, como una plaga sin fin que ha cercenado las vidas de un incontable número de personas.


Hoy día en nuestro país, gracias al avance técnico y las medidas de seguridad aprendidas a lo largo de décadas tras innumerables incidentes que ocasionaron víctimas, los accidentes de tren son escasos en comparación a los ocurridos en nuestro siglo XX. No era extraño leer en las secciones de sucesos de entonces las descripciones de estos choques o descarrilamientos de trenes, así como los muertos o heridos ocasionados.


En mi investigación familiar y su consecuente rastreo, pude encontrar en la prensa antigua el triste acontecimiento que marcó trágicamente a una familia con la que estoy emparentado. El tren correo expreso de Andalucía Nº308 había salido de Madrid con rumbo a Sevilla, y el día 20 de noviembre de 1952 se salió de la vía en el kilómetro 305,200 en las proximidades de Linares (Jaén) a causa de la rotura de un raíl, cuando el tren había salido del apartadero de Cabrerizas y le quedaba un kilómetro para llegar a la estación de Vadollano. El saldo inicial de víctimas fue de 3 muertos y unos 70 heridos, 3 de los cuales fallecieron más tarde a causa de las graves heridas. Uno de los que fallecieron en el acto fue el niño de 2 años Nicolás Ramírez Mora, entonces habitante de Albacete, que viajaba con su madre Antonia Mora Agudo, la cual resultó herida grave en el accidente. El chiquillo fue enterrado al día siguiente en el cementerio de Linares.

Recorte de prensa sobre el accidente. La Vanguardia, sábado 22 de noviembre de 1952, página 6.


Nicolás era hijo además de Faustino Ramírez Céspedes y nieto de Ernesto Ramírez Canales y Luisa Céspedes Rodríguez. Por tanto Nicolás era primo 3º de mi padre, y aunque nació en la localidad jiennense de Villanueva de la Reina, y mi padre en la provincia de Granada, tanto a Nicolás como a mí nos une el solar decimonónico de nuestros Canales, Baños de la Encina (Jaén), a escasos kilómetros del lugar del accidente mortal.

Recorte de prensa sobre el accidente. Ideal, sábado 22 de noviembre de 1952, página 1.


El aliento de Nicolás se apagó demasiado pronto truncado en una vía andaluza, sin ni siquiera haber tenido la oportunidad de disfrutar una vida que ya nunca pudo ser. Ese tren nunca llegó a su destino mientras el destino del pobre Nicolás allí se quedó, ligado a unos raíles que a pesar de los años transcurridos siguen viendo pasar a miles de personas en tránsito. Que queden estas palabras como recuerdo de aquel primo.