domingo, 7 de septiembre de 2014

Una flor tras los barrotes (Relato Certamen Conrada Muñoz)

El pasado mes de mayo participé en el V Certamen de Relatos cortos "Conrada Muñoz", que organiza la Fundación Sociedad y Justicia en memoria de Conrada Muñoz Herrera, madre de un funcionario de prisiones y primera víctima de ETA en la provincia de Granada. El relato, cuya temática debía estar relacionada con el mundo carcelario, lo titulé "Una flor tras los barrotes". Hace pocos días se ha conocido el fallo del tribunal, y de entre los 270 participantes mi relato no ha resultado ganador, siendo la ganadora la madrileña Carmen Peña Valdivia, con su relato "Por fin soy libre".

Cuelgo en mi blog el relato que escribí por si a alguien le interesara leerlo, junto a un dibujillo que realicé entonces para ilustrarlo. Desde aquí felicito a Carmen Peña por su victoria en el certamen. Espero que os guste.




Una flor tras los barrotes

Un día cualquiera...

De nuevo mi madre me había regañado por ver la tele, ya que tendría que estar haciendo mis deberes. Mientras me mandaba a mi cuarto a estudiar, lo hacía con esas mismas palabras que ya conocía de carrerilla, ‘para que mañana sea un hombre de provecho’. Me decía que la televisión era una ventana al mundo, pero una ventana llena de cosas ‘feas’ y poco recomendables para un niño de mi edad. Siempre, al poco de ponerme con mis tareas solía hartarme rápidamente y me sentaba junto a la ventana a ver el ambiente de la calle, el trasiego de camiones, ambulancias, gente que iba de un lado para otro, la vida en movimiento... Mi mente de niño no quería entonces hacer otra cosa.

Pero al otro lado de la avenida esa vida se convertía en tenebrosa pues se levantaba con aires tétricos la prisión de la ciudad. Un viejo edificio que según mis padres llevaba en el lugar desde hacía muchos años y por el que me daba miedo acercarme, pues solía evitar pasar por delante como si la jaula de un león se tratara. Mi ventana daba a un lateral de la cárcel, ésta rodeada por un alto muro coronado por alambres y ‘pinchos’ para evitar que los presos pudieran escapar.

Mirando de nuevo el lateral di con la ventana de siempre, una escuálida abertura sujetada por anchos barrotes. Y como siempre, tras ella, el mismo oscuro hombre. Cuando lo vi miraba hacia abajo, al infinito de su asiento, seguramente recordando algo y lamentándose de su situación. Llevo viéndolo desde que tengo conciencia, ya no me asusta verlo como antes pues se ha convertido en un vecino más, y del miedo que me provocaba ahora siento pena. No sé como se llama, ni el delito por el que está ahí, pero se ha convertido en alguien tan familiar que lo he bautizado para mí como Rostro Negro, pues negro es el habitáculo que lo envuelve y negros los recuerdos que su rostro transmite.

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De repente un estruendoso golpe metálico al final del pasillo de la galería hace que despierte de mi ensimismamiento. No sé por cuánto tiempo habré estado con la mente perdida mirando a la nada, pero la sombra que de la calle entra en la celda me hace pensar que bastante. De nuevo los mismos pensamientos, las mismas imágenes, esos rostros que me impiden dormir y me acompañan a cada momento, rostros de pena y sufrimiento que me martirizan.

Alejo la mirada de mi pesadumbre mental y miro a la calle desde mi pequeña ventana, pues cada vez que eso me pasa busco mi momentánea salvación fuera. Y sí, como siempre ahí está. Esa cara amable, comprensiva y angelical que me mira desde una ventana al otro lado de la avenida. Nos miramos largo rato, no hace falta que nos digamos nada, sus ojos lo dicen todo, él me ayuda a sobrellevar mi condena. Le he tomado gran cariño al chavea, aunque no sé ni quien es ni cómo se llama, para mí es como si formara parte de mi familia; de hecho le conozco en la soledad de mi celda como Luisillo, al igual que el hijo de una de mis primas, ya que me recuerda mucho a él. O al menos me recordaba, porque ese niño ya habrá crecido y será un adulto. Ahora él es lo más cercano que tengo a lo que fue mi familia.


Un día cualquiera varios años después...

Llego cansado a casa procedente del Instituto. Después de comer me voy a mi habitación a descansar un rato. Rostro Negro está en su ventana mirando fijamente por ella al tejado de la cárcel. Su cara ha cambiado conforme han ido pasando los años, arrugado y con canas ya no le veo tan temeroso de su situación, incluso hay algunos momentos en los que desde nuestra distancia creo verle una pizca de felicidad. Cuando nos miramos ya me sonríe. Me voy, tengo cosas que hacer.

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Entro en mi celda después del almuerzo en prisión, y es ahora cuando me relajo. Si antes contemplaba estas cuatro paredes como un conjunto de ásperos ladrillos que me ahogaban en un profundo desconcierto vital, ahora las veo como mi refugio. Me cobijan del mal que hay fuera, ese mal en el que comprendí yo formaba parte y que me destruía por dentro. Las caras que antaño me atormentaban son las que me han ayudado, ahora son mi compromiso.

Me siento junto a la ventana y por suerte al rato aparece Luisillo desde la suya. Conforme ha ido creciendo se iba asomando menos y nuestros encuentros visuales se han ido haciendo más esporádicos. Cada vez que lo he ido viendo a lo largo de los años iba cambiando poco a poco, le he visto crecer y ya es todo un apuesto joven. Le sonrío, me corresponde. Tengo la sensación de que es un ‘hombre de bien’, que mi merecido enclaustramiento le ha servido de aprendizaje. Estoy orgulloso de él.

Se aparta de la ventana y se va. No sé cuando ni si lo volveré a ver, pues ya queda poco para que cumpla toda mi condena. Pronto volveré a ser libre. Miro por la ventana de mi celda. Ésta da al tejado de una de las galerías inferiores. El tiempo transcurrido ha hecho que las tejas estén recubiertas por líquenes y otros hierbajos. Junto a mi ventana, de entre esos hierbajos hace poco nació una preciosa y solitaria flor, un atisbo de esperanza ante los días venideros.

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Luisillo ya no aparece por su ventana, estará ocupado en su vida de adolescente. Los últimos meses los he ido pasando observando la dulce flor que me acompaña desde el otro lado de la ventana. Es mi nueva amiga y compañera, con la que pienso en cómo será mi futuro, la que me transmite ilusión. Me reflejo en la flor, ambos estamos presos de la misma cárcel, pero su naturaleza es así de estática, la de permanecer en un mismo sitio para toda su vida, sólo mecida por la momentánea brisa de la mañana mientras es acariciada por multitud de insectos. La mía no, en cambio ella es pura y bella por naturaleza; aunque si mi horrendo crimen me va a acompañar siempre como lastre, éste no me hundirá y saldré adelante con mi nueva vida. Estoy impaciente, en pocos días saldré a la calle por fin.

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Hace frío en la celda, fuera hay una tormenta como hace mucho tiempo no ha habido. Me asomo mientras me arropo más fuerte con la manta. Cortinas de lluvia laterales golpean el tejado mientras mi flor se mueve violentamente golpeada por el viento, casi todos sus pétalos han desaparecido, se está muriendo. La miro fijamente. Una racha de viento fortísima la arranca de raíz y se la lleva para siempre de mi lado. Ahora es libre de su prisión innata, pero está muerta. Mañana es mi día, seré libre, y volveré a estar vivo. Estoy nervioso.

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No he podido dormir en toda la noche. La tormenta amainó y ha amanecido con un tímido sol saludando entre las grises nubes que se van alejando. El día ha llegado, dejo por fin estas cuatro paredes entre las que he vivido largos años purgando mi crimen. Al salir por la puerta principal respiro profundamente y lleno mis pulmones de energía y vida. Nadie me podía esperar a mi salida, así que recojo mi petate del suelo y emprendo camino.



A la par,  unos cuantos pasos más adelante...

Vuelvo pesaroso a casa. He suspendido tres asignaturas este trimestre, y para colmo he tenido una fuerte discusión con mi novia. Hasta después de Reyes no la podré volver a ver, espero que el año nuevo empiece mejor a como ha terminado este. Mientras voy pensando en mis problemas una cara conocida me sobresalta a la vuelta de la esquina. Es Rostro Negro y está libre. También se ha parado en seco delante mía, me ha reconocido. Está muy viejo, pero rebosa alegría. No nos decimos nada, sólo nos miramos complacientes. Nunca supe el motivo por el que estuvo preso, pero me alegro de que esté libre, pues se nota que arrepentido de lo que pudo hacer marcha como un hombre nuevo. Tras unos segundos, no sé si algún minuto, proseguimos nuestros caminos. No hizo falta decirnos nada, su mirada lo hacía. Tras andar unos metros me giré para verlo marchar, ahí iba bajando la calle con su macuto al hombro. No sé donde irá, es la última vez que lo voy a ver, le echaré de menos. A él le debo mucho.


Mientras al otro lado de la mirada...

Conforme voy andando pienso en el trayecto que he de tomar. ¡Tanto tiempo pensando en mi libertad y ahora me encuentro hecho un lío! No sé qué camino coger. Al volver la esquina de repente veo a Luisillo venir hacia mí. Me quedo impresionado de verlo tan cerca y tan grande. No huye asustado, pero se sorprende al verme. Nos quedamos el uno frente al otro quietos mirándonos sin decirnos nada. En su cara veo un sentimiento de alegría por mí y en su mirada a aquel niño que me observaba desde su ventana. Será un gran hombre, eso me reconforta. Nos sonreímos y nos despedimos con un leve movimiento de cabezas. Voy bajando la calle, tengo todo un camino por delante. No sé dónde iré, pero el mundo es muy grande y hay mucho bien que realizar. Gracias Luisillo...


Francisco J. Canales-"Azaustre"





  • Enlaces a noticias del fallo del tribunal y listado de finalistas:


miércoles, 28 de mayo de 2014

Política y razón: yo, mí, me, conmigo

La política me resulta muy interesante por cuanto es algo sumamente trascendental para la vida de todos nosotros. A pesar de ello, en los últimos tiempos ésta se asemeja más a un juego entre grupos por alcanzar cotas de poder en una lucha ansiosa de dominación sobre los demás (la erótica del poder), dejando de lado lo que a la ciudadanía le interesaría en verdad como sociedad.

Las 'contiendas' electorales, algunas más insulsas que otras, y sobre todo los momentos tras el escrutinio, han terminado por ofrecerme un espectáculo más para mi diario divertimento. ¡Qué triste resulta eso! Y es que se ven y se leen unas cosas que por lo pronto invitan a la reflexión. Es muy 'divertido' observar cómo los partidos, sus integrantes y sus simpatizantes extienden esa pugna al nivel dialéctico como ciudadano de a pie. Todos llevan o quieren llevar la razón, siempre 'tienen que ganar los suyos', pues si no es así se desataría una debacle casi apocalíptica como si para sus miembros no hubiera un mañana. Es ganar por orgullo, si el pueblo ha votado una opción que no sea la mía, obviamente estará equivocado en su percepción subjetiva, si en cambio ha votado igual que yo, 'amén hermanos'. Es un comportamiento casi místico, puramente religioso. Hago autocrítica por ello, pues recuerdo en 2004 y 2012 haber realizado sendos comentarios críticos de ese estilo.

Tras las pasadas elecciones europeas he vuelto a 'entretenerme' con el sinfín de comentarios que gente de uno y otro lado del arco ideológico realizan en función del resultado final de las mismas. Curiosamente son comentarios muy parecidos, por no decir los mismos, que sus adversarios realizaron en otras elecciones en sentido inverso por unos resultados electorales totalmente diferentes. Por eso he realizado este 'dibujillo', una viñeta que recoge este aspecto, pues 'todo depende del lado desde donde lo mires para terminar haciendo lo mismo'. Las críticas de unos y las alabanzas de otros hoy, en el futuro habrán cambiado los papeles entre sí.

Las viñetas no son obras de arte como se puede comprobar, pero al menos creo que he plasmado la idea que acabo de desarrollaros. Espero que os interese.



sábado, 17 de mayo de 2014

Genealogía bíblica I: Génesis y Éxodo

Hacía muchos años que no cogía la Biblia, desde aquellos tiempos en que ya concluidos mis estudios medios dejé de creer en la veracidad histórica de todos esos relatos ahí narrados. Durante estas vacaciones pasadas de Semana Santa, por curiosidad lectora volví a pasar sus páginas y me di cuenta que sus versículos son pura genealogía, una sucesión de personajes y seres míticos, que decidí enlazarlos a través de un árbol genealógico.

Al ser la Biblia un libro extenso, expongo aquí sólo el árbol genealógico que he creado con la lectura de los dos primeros libros, el Génesis y el Éxodo. Son historias míticas sobre el origen de la humanidad, la destrucción de la misma y su reinicio, así como el origen del pueblo de Israel y su supuesta liberación del 'yugo de Egipto'. Como sociedades patriarcales que eran, en el árbol vemos la preeminencia del varón en la sucesión genealógica, la omisión en muchos casos del nombre de las madres, la no inclusión de la descendencia femenina o el uso de la poligamia por ejemplo con Jacob o en su explicación mitológica con Lamec. Lo dicho, una retahíla de nombres que protagonizan relatos míticos y mitificados, que como curiosidad adicional al conocimiento de las sociedades del pasado aquí cuelgo.

PD: algunos personajes aparecen con la edad que la Biblia les atribuye que tuvieron. Edades desorbitadas e imposibles fisiológicamente. Esto creo se puede explicar por ser personajes míticos y/o mitificados que se encuadran en épocas oscuras y lejanas en el tiempo en que fueron recopiladas sus historias; como pasa también con otros personajes míticos de culturas mesopotámicas, de las cuales el pueblo de Israel se inspiró en muchos casos.

PD2: Junto al personaje bíblico de Túbal, nieto de Noé, añado la descendencia que se le atribuye en la mitología hispánica; pues Túbal es considerado por diversas mitologías, como es el caso de la vasca, como el poblador de la Península Ibérica tras el 'Diluvio Universal'.

PD3: En cuanto a las esposas de Esaú, hijo de Isaac, he encontrado en varios pasajes bíblicos errores en cuanto a la denominación de sus mujeres, por lo que puede llevar a confusión.


Para ver el árbol genealógico que he realizado hay que pinchar en el siguiente enlace (existe la posibilidad de guardarlo en el disco duro):

martes, 6 de mayo de 2014

José María Garrido Lopera en el recuerdo

Con motivo del aniversario ayer de la muerte de mi tío-abuelo José María Garrido Lopera, escribí una carta al diario Ideal de Granada en homenaje póstumo a él y para dar las gracias a su amigo el músico Francisco Higuero Rosado. Hoy ha salido la carta publicada en la pág. 29. Aquí la cuelgo para aquellos que pudieran estar interesados en leerla.

José Mª Garrido Lopera en el recuerdo

El día 5 se cumplieron treinta y un años del fallecimiento de una gran, entrañable y querida persona. Se trata del que para mi familia es el tío José María, y para Granada y más allá de sus fronteras José María Garrido Lopera. Doctor en Derecho y funcionario civil del Estado, fue conocido en la segunda mitad del siglo XX como hombre de cultura volcado en la educación de los más pequeños, en un primer momento como maestro, y al final de su vida como escritor de temas infantiles (obras como Federico García Lorca y los niños, Manuel de Falla, El Ovni, Los Pasteles, etc). El año pasado con motivo de las tres décadas de su fallecimiento se le tributó un homenaje institucional en el Ayuntamiento de Granada y una exposición en el Palacio de Abrantes. Este año, pasada la ‘redondez’ de la efeméride anterior, nos seguimos acordando de él y muestra de ello son estas palabras. Palabras de recuerdo y homenaje que además vienen auspiciadas por un amigo íntimo del tío José María, el músico Francisco Higuero Rosado, al cual tuve la suerte de conocer hace poco. Ambos fueron autores del himno Niños del Mundo (realizado e interpretado en 1979 para el Año Internacional del Niño) y de la nana Ángel de Dios; y el homenaje a Garrido Lopera que es esta carta hay que hacerlo extensible sin duda al propio maestro Higuero, gran señor, estupendo artista y persona humilde donde las haya. Porque la figura de los dos está ya para siempre unida en la amistad y en la cultura granadina de estas últimas décadas. Nuestro reconocimiento para ambos y nuestras gratitudes para el maestro Higuero.


Francisco José Canales López


Carta en homenaje a José María Garrido Lopera. En diario Ideal de Granada, martes 6 de mayo de 2014, pág. 29.

viernes, 2 de mayo de 2014

Los Zarco en su encuentro de Mota del Cuervo

En mi particular aventura por el descubrimiento de mi "pasado genealógico" he podido conocer que mi familia Zarco asentada en Baños de la Encina y El Centenillo (Jaén) procede de Mota del Cuervo (Cuenca). Es esta localidad un importante enclave en el trasiego del apellido Zarco a lo largo de la península, lugar de cuna de muchas familias que poseen este apellido, el cual aún no ha podido establecerse su origen.

Algunos Zarco de Mota del Cuervo llevan tiempo investigando genealógicamente el apellido y han podido remontarse documentalmente hasta principios del siglo XVII en dicha localidad. Pero es una tarea que sigue adelante y que necesita la colaboración de muchos. Todos aquellos Zarco o descendientes de ellos pueden poner su granito de arena para la elaboración del árbol genealógico común.


Ruta desde Mota del Cuervo que algunas ramas Zarco emprendieron: a Bolaños de Calatrava, San Lorenzo de Calatrava (Ciudad Real) y Baños de la Encina (Jaén). Esta última, la mía, ya perdido el apellido Zarco por varias vías maternas se diversificó en múltiples lugares, entre ellos Granada, de donde yo soy.

Es seguro que muchos de los Zarco actuales provienen de Mota del Cuervo. Sé que hay grandes grupos de Zarco en la zona de Murcia, y en la zona sur de Granada como Albuñuelas, pero sin nexo establecido, al menos por ahora, con los de Mota del Cuervo. Animo a todos aquellos que les interese su historia familiar que se pongan en contacto con los Zarco que están llevando a cabo el estudio, o incluso conmigo mismo para la reconstrucción del árbol común.

Parte de mi ascendencia (tatarabuela arriba a la izquierda y trastatarabuelos en el centro). Familia Zarco / Martínez asentada en Baños de la Encina: hijo, nuera y nietos de José Zarco, natural de Mota del Cuervo. Foto realizada en el Cortijo Ministivel de El Centenillo aproximadamente en 1880. Foto recortada propiedad de Angeli Zarco Ginés.

A finales de mes y con motivo de esta labor genealógica tendrá lugar en Mota del Cuervo un interesante acto social de los Zarco, donde todos los que posean el apellido o descendientes de ellos podremos pasar una grata jornada 'familiar', en la que además de conocer el pueblo de donde eran naturales nuestros antepasados, conoceremos multitud de familiares de variadas procedencias.

La página oficial del "Encuentro Zarco" es su blog (http://apellidozarco.blogspot.com.es/) además de su cuenta en Facebook. Aquí cuelgo el programa del evento más otros datos de interés (https://docs.google.com/file/d/0B5j2PcREH_cNQU1JX1FIT04zMkU/edit).

Espero que nos conozcamos allí.

lunes, 28 de abril de 2014

Luz de Salvación, microrrelato para DILU

Mañana día 29 se celebrará el Día Internacional de la Lectura Universitaria y por ese motivo la Universidad de Almería ha organizado el I Premio por dicha celebración. Presenté al concurso un microrrelato que realicé ex profeso con un tema que debía llevar como inspiración las 'lecturas del mar', pero éste no ha resultado ganador. Aquí lo cuelgo para aquél que le interese la lectura.

Luz de salvación

El ruido del mar embravecido decora mi lectura aquí en lo alto del faro, en mi particular prisión sin carcelero, mientras mis dedos con sabor a salitre pasan una página tras otra.

No hay salida ni opción. De un lado rocas escarpadas que llevan a la muerte, y por otro, un extenso vacío que lleva a la soledad más absoluta. Al menos aquí tengo compañía, un reguero de libros desvencijados por el tiempo que me facilitan una vez al mes desde el pueblo más cercano junto a provisiones.

Del faro soy, y del faro seré. Guiar barcos y alejarlos de las rocas fue la herencia de mi padre, pero alejarlos de la muerte consumía mi vida. No tengo más mundo que este, mas al fin tengo sueños y puedo viajar con la mente. Salvo vidas marineras, pero son los libros los que me han salvado a mí. Ya soy feliz.

Francisco J. Canales-"Azaustre"


Tormenta en el mar con faro [1826]. Cuadro del pintor romántico Karl Eduard Ferdinand Blechen (1798 - 1840)

lunes, 7 de abril de 2014

La muerte en la Granada de 1870

En mi discurrir a través de documentos antiguos (digitalizados o no) para documentar mi historia genealógica uno se va encontrando diversas curiosidades y datos variados sobre la sociedad del pasado. En la página de FamilySearch los 'mormones' tienen digitalizados miles y miles de documentos que nos ayudan a reconstruir nuestro árbol genealógico, y es con ellos como he empezado a bucear en los libros relativos a las defunciones, en mi caso los de Granada.


Vista de Torres Bermejas. De Manuel Gómez-Moreno González (1886). Fuente: Blog "La Alacena de las Ideas", de David R. Jiménez-Muriel (http://laalacenadelasideas.blogspot.com.es/2013/06/manuel-gomez-moreno-gonzalez-1836-1918.html).


Este tipo de documentación es muy importante no sólo para la Genealogía sino para el resto de la Historia (dentro de ella la Historia de la Medicina), pues no sólo comprenderemos la realidad social estudiada y su estructuración en barrios, sino que se pueden estudiar además el efecto de las diversas enfermedades o dolencias a lo largo del tiempo, a qué sectores sociales afectaban más, etc. Se podría investigar en este tipo de documentos en los registros civiles y parroquiales por ejemplo cómo algunas enfermedades son más comunes en ciertos barrios mientras que en otros se dan menos (distribución social, masificación de la población en ciertas zonas, urbanismo que facilita la propagación de enfermedades, etc).

Este escrito no es completo ni sistemático ya que por ahora sólo acierto a flotar encima de ese pasado granadino, es un primer acercamiento a los libros de fallecidos de esta localidad, en concreto el del año 1870 (durante el Sexenio Revolucionario). Por lo tanto las percepciones subjetivas que encuentre en los datos no hay que tomarlas por generales a falta de estudios más completos.

Para la Historia Social y la Historia de la Medicina nos servirá mucho descubrir de qué murieron nuestros antepasados. En estas páginas que nos facilita FamilySearch podemos observar todo tipo de enfermedades que llevaron al descanso eterno a todos estos granadinos, a saber: disentería; problemas gástricos (colitis, gastralgia, diarreas, gastroenteritis, fiebres gástricas, gastritis, siendo por lo general la denominación más común en barrios humildes la de diarrea y en los de mayor escala social, gastroenteritis o gastritis); enfermedades respiratorias como pulmonías, catarros, bronquitis; diversos problemas cardíacos ('afección del pecho'); hepatitis; escorbuto; reumas; enfermedades bacterianas como la erisipela, el tifus o la tuberculosis (tubérculos es la denominación que más he encontrado en barrios populares y la de tisis en clases medias y altas), la sífilis o la temida lepra (quince muertes a causa de ella en el Hospital de San Lázaro que era a la sazón la leprosería de la ciudad); así como otras enfermedades como la hidropesía, asmas, diversas úlceras, tumores y cánceres (nombre éste tan infrecuente entonces en esos documentos) y otros males con denominación más genérica e inconcreta como muertes por congestión cerebral, 'reblandecimiento del cerebro' (necrosis), 'calenturas', 'mal de orina', 'muertes repentinas', muerte por 'vejez', enfermedades 'intermitentes', fallecimiento por 'un dolor', parálisis y un largo etcétera.

A este largo listado de males habría que añadir un hecho por el que muchas mujeres (algunas de ellas solteras) morían. La causa de la 'enfermedad' que les llevó a su fallecimiento fue el 'embarazo' o 'sobre-parto'.  Por su lado, los niños, débiles por naturaleza se veían afectados dramáticamente por el designio de la mítica moira Átropos que cortaba el 'hilo de su vida' muy pronto. Las causas de la muerte de los niños eran por lo general: por 'dentición' (denominación atribuida a la muerte infantil durante la erupción dentaria); 'falta de desarrollo', 'endeblez', 'debilidad esencial' o 'un aire'; raquitis (raquitismo); tabes (¿a causa de la sífilis congénita?); sarampión; garrotillo o infección respiratoria; viruela; meningitis; o pulmonías (como las que en ese año de 1870 en cuestión de meses se llevó la vida de las hermanas (¿gemelas / mellizas?) Gabriela y Teresa Martín Garrido, primas hermanas de mi tatarabuelo, las cuales no tenían ni un año de vida cuando murieron). Muchos de los casos de muerte infantil eran realmente prematuros y ni siquiera los padres podían llegar a conocer a su hijo recién nacido, pues muchos nacían ya muertos o en el momento de nacer. En esos casos ante la ausencia de sacerdote que administrara el sacramento del bautismo, los recién nacidos eran bautizados in extremis por alguna matrona con 'agua de socorro' al comprender que la muerte del nacido era inminente y así evitar lo que ellos creían podría suponer la condenación eterna del niño al Limbo (influencia de la Iglesia en la sociedad y las costumbres del momento). Estos niños tan sólo han dejado a la posteridad un casi vacío formulario sin que nadie hoy día los eche de menos, aunque observando dichos documentos no puede uno más que entristecerse por esa vida vacua y efímera. Muchos de estos formularios están sin nombre, y otros con un nombre que sirvió de identidad momentánea a la criatura al serles impuesto por el facultativo de turno.

Tras el Hospital de San Juan de Dios (perteneciente a la Parroquia de San Justo), lugar de 'tránsito' final de muchos granadinos, la muerte abundaba en el Presidio situado en un antiguo convento de la calle Molinos (donde la mayoría de los confinados morían de tifus), el Hospicio (Hospital de Dementes) y en la Casa Cuna, como lugares de acumulación de gente desamparada de un entorno familiar apacible. En este último se contempla en los documentos una sucesión de niños apellidados únicamente por el genérico 'expósitos', que fallecen tras un breve y triste discurrir por un mundo que no los quería, acompañados únicamente por los llantos de 'hermanos' de viaje, en el que muchos de ellos podrían continuar, siendo ese apellido una de las dos cosas que les uniría, la otra era su padre, el abandono. En la Casa Cuna de Granada la muerte era una triste rutina, y en ese año de 1870 ésta se llevó a casi 400 niños.


Inscripción de la muerte de una niña 'expósita' en la Casa Cuna de Granada en junio de 1870. Fuente: "España, Provincia de Granada, registros municipales, 1607-1955," images, FamilySearch (https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-266-11680-53511-14?cc=2015356&wc=MQ5H-9TL:391376201,391376202,391376203,391406001), España, Provincia de Granada, registros municipales, 1607-1955 > España, Provincia de Granada, registros municipales, 1607-1955 > Granada > Granada > Granada > Defunciones 1879 > image 299 of 332. 


Y por terminar con este macabro análisis de las muertes ocurridas en Granada en 1870 abro un apartado al que podría llamar 'Crónica negra o de sucesos' en el que se inscribirían las muertes accidentales o violentas. Muertes causadas por ejemplo por quemaduras, o diversas heridas accidentales como caídas de ancianos, el caso de una 'fractura de pierna' o heridas casuales que por ejemplo en tierras de labor se podían hacer muchos trabajadores del campo. Otro tipo de muerte no natural es el suicidio, como el de José Ruiz, un sirviente de 37 años de Lanjarón que se quitó la vida el 23 de agosto. En cuanto a las quemaduras podríamos citar las muertes de Antonio Mora Martín, niño de un año el 30 de noviembre; Francisco Sierra López niño de tres años el 7 de diciembre; otro niño de tres años y medio de Armilla, Rufino Expósito el 29 de diciembre; o meses antes la muerte de tres mujeres (Josefa Ortega Fernández, Concepción Ruiz Gómez y Concepción Merino) el 6 de agosto en un 'incendio en las Capuchinas' que destruyó viviendas situadas en esa plaza.

Otras muertes que llaman la atención debido a la anormalidad de la causa son las de Manuel Raya y Raya, que se ahogó en Monachil el 28 de mayo; José González Latorre, niño de tres años que muere también ahogado el 21 de octubre; María Santos García, valenciana que murió envenenada el 11 de septiembre; o el propietario Rafael Domínguez Marfil, que murió el 21 de noviembre por 'una herida causada por un tiro de escopeta'. Pero el grupo de muertes que más resalta es el que se detallan con la tipología siguiente: 'muerte violenta'. Al menos he podido encontrar quince de estas muertes. La primera me llamó mucho la atención, pues se trataba de la muerte de un niño de ocho años, Antonio Jiménez Ruiz el 8 de febrero. Si llamativa fue esta muerte, misteriosa fue la de otro niño que aparece registrado el 30 de mayo en el Hospital de San Juan de Dios, niño que procedía de Alcolea y del que se desconocen todos sus datos. El resto de fallecidos de manera violenta, muchos inscritos en el Hospital de San Juan de Dios son los siguientes: Francisco Sevilla (arriero el 30 de abril); Francisco Badia Castro (del campo, de Güejar Sierra el 13 de mayo); Sebastián Cabello y Caballero (panadero de Alfacar el 26 de mayo); Julián Padilla Ruiz (del campo, de Pinos Genil el 27 de mayo); Rafael Huertas Jiménez (del campo, de Jun, el 28 de agosto); Miguel Rojas Vélez (del campo, de Alfacar, el 29 de agosto); Antonio Mayán Aragón (quincallero, el 12 septiembre); Vicente Triviño (29 de septiembre); Juan de Puertas Ocaña (confinado en el Presidio del Realejo el 3 de noviembre); Manuela García Sánchez (anciana que vivía en Albolote y muere en el Albayzín el 6 de noviembre); Miguel Vico López (de Guadahortuna, que muere también en el Albayzín el 20 de noviembre); Rafael Romero Fernández (21 de diciembre); y Manuel Corrales (27 de diciembre).

Estos documentos nos ayudan a saber qué o cómo fue el momento final de nuestros ascendientes. Aunque podemos encontrarnos dificultades para reconstruir nuestra genealogía ante la aparición de alguna errata del escribano de turno que sin motivo aparente no añade el nombre del finado o incluso encontrarnos la muerte de alguien desconocido en cuya partida no se indican más palabras que 'se desconoce todo'; muertes anónimas que quedan en el olvido de gente que no podemos entroncar a priori con el resto de genealogía. Es el caso de la muerte el 28 de diciembre de Manuel, un hombre fallecido en la calle por congestión cerebral, del que se ignora su naturaleza, sus padres, su estado y su profesión, que le echan aproximadamente una edad 'como de 60 años' y le apellidan con el apodo por el que le conocían ('entendido por el Quinquillero'). Por lo demás hay que armarse de paciencia y rastrear entre hojas vencidas por el tiempo algún nombre conocido y empezar a tirar del hilo. Aunque ya llevo un año y medio rastreando mi pasado genealógico, no ha hecho más que empezar.


De Duelo. Óleo de José María López Mezquita (1924). Fuente: Flickr.

  • Fuentes:
  1. FamilySearch (https://familysearch.org/)
  2. Periódico La Idea, diario defensor de los derechos del pueblo (Granada)